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En
1986, a Rosa María Rivero (Doctora en Pedagogía),
y a 7 voluntarios más, les impactó la difícil
situación de las personas que vivían con VIH/SIDA
en México. El pequeño grupo decidió buscar
los medios para ayudar. Iniciaron sus actividades visitando a enfermos
terminales que se encontraban en el Hospital General de México
y en el Hospital la Raza. Ninguno de los voluntarios era médico,
ni tenía conocimientos detallados acerca del SIDA.
Entre los enfermos visitados se encontraba Gilberto, joven profesionista
rechazado por su familia. Él expresó su temor de morir
en el Hospital, y lamentaba que no hubiera una sola institución
que proporcionara apoyo domiciliario a víctimas del SIDA,
como él mismo.
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Rosa
María y sus colaboradoras ofrecieron cuidar a Gilberto proporcionándole
atención holística. Algunos meses después, el joven
falleció y como prueba de agradecimiento, Gilberto donó
su casa y la mayor parte de sus bienes a la recién fundada "Casa
de la Sal".
Ese
mismo año, dos matrimonios enfermos de SIDA y en fase terminal
buscaban un lugar adecuado para poder atender a sus hijos infectados asegurándoles
así su futuro. Sus respectivas familias aceptaban quedarse con
los niños(as) sanos, pero rechazaban a los dos cuyas pruebas de
sangre habían resultado positivas al Virus de la Inmunodeficiencia
Humana, a pesar de que los menores aún no presentaban síntomas.
Los padres murieron poco después. Jonathan (3 años) y Azucena
(4 años), fueron los primeros adoptados por La Casa de la Sal,
A. C.
¡El
Centro Infantil acababa de nacer!
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